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2 de abril de 2015

Motorsport is porculerus

"Motorsport can be Dangerous" (Los deportes del motor pueden ser peligrosos) rezan las advertencias que se colocan en las cunetas de los Rallyes británicos y en algunos de sus circuitos. "A pesar de que el organizador haga todos los esfuerzos posibles para evitar accidentes, usted se sitúa aquí bajo su responsabilidad" prosiguen los carteles como el de la foto.


No, ésta no es una entrada sobre lo peligrosos que son los rallyes,  que lo son; no tanto como el descenso de esquí o hacer “wingfly”, pero implica riesgos, qué duda cabe. Pero no hablaremos de una duda, de un “puede que”… Hablemos de una certeza: El sabio Portales, que siempre da con la tecla de la forma más didáctica, dice que “Motorsport is porculerus”… ahí queda eso.

La certeza que tenemos es la siguiente: si te dedicas a las carreras con un presupuesto limitado, cosa que nos pasa a casi todos los que lo hacemos cualquiera que sea nuestro nivel, no te preocupes: vas a sufrir. Fijo.

Es el punto (sin la ene) sado-maso de los carreristas. Por su puesto unos más que otros, pero importa poco tu nivel de amor por este deporte porque el sufrimiento será proporcional al mismo, pero no es opcional; siempre vas a estar hasta altas horas de la madrugada debajo del coche tratando de encontrar un fallo, o sufriendo porque hay algo que no cuadra y no puedes estar hasta altas horas de la madrugada debajo del coche… Siempre con algún problema de homologaciones, algo que no te puedes permitir y sería necesario, algo que te preocupa y no te deja dormir tranquilo… Siempre. Te puedes salir de la carretera, puedes tener una avería… o no; aunque cueste entenderlo no es esto lo que nos preocupa más. De lo que no cabe duda es que, tanto el que gana como el que pierde, tanto el del Porsche como el del Panda, las ha pasado "canutas" para estar ahí, de un modo u otro.

No sé si lo escribo como terapia de salud mental tras haber estado todo el invierno, que se presumía tranquilo, tratando de reparar el fallo del Ibiza, que ha resultado ser muy “porculerus”. No sé si lo hago por solidaridad con los sufrimientos en lo deportivo de los que me rodean, que tampoco son pocos… O tal vez sea porque me parece injusto ponerme en una cuneta y ver que muchos espectadores no respetan lo más mínimo, o simplemente desconocen, éste sufrimiento del que hablo… Claro que esos mismos espectadores que comento son los que no tienen las agallas de ponerse en una salida de una carrera con un coche verificado, la inscripción pagada y las licencias en el bolsillo.

Tampoco hay que ser llorón: pagar la hipoteca y la compra estando en el paro es peor, para qué nos vamos a engañar. Pero lo que está claro es que esto no es para cualquiera. A algún amigo mío ya le dije alguna vez cuando insinuaba intenciones de pilotar que no, que no tenía lo que hay que tener… El problema es que los que sí que tenemos este veneno tan malo, que no es para cualquiera, no podemos evitarlo… Podemos pasar años alejados de cualquier cosa que huela a gasolina, dedicarnos a la pesca, al tiro olímpico, a las ONGs o al coleccionismo de navajas… pero nada, repito, nada nos va a ilusionar tanto como el tres, dos, uno en la salida de un tramo cronometrado con el casco puesto. Muchos no lo comprenden, algunos hasta se aprovechan de ello y, sabiéndolo, nos dejamos… pero no tengo modo de explicar esta pasión que nos lleva a aguantar tanto. Francis sí lo tiene: “motorsport is porculerus”.

A.

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